Seguridad basada en el comportamiento - Parte 1
Una explicacion sobre la seguridad y la conducta humana.
¿Por qué los trabajadores no ven los riesgos?
Frecuentemente, los responsables de la seguridad en las organizaciones, nos consultan respecto a las causas que subyacen a los comportamientos peligrosos de sus trabajadores.
En ocasiones, esta inquietud surge luego de algún accidente; otras veces refleja la frustración frente a los intentos fallidos de avanzar más allá del nivel actual de desempeño en seguridad.
Cualesquiera sean las circunstancias, preguntarse respecto a esta cuestión es de fundamental importancia.
Es común observar a trabajadores altamente capacitados y muy experimentados hacer cosas que hasta un aprendiz reconoce como peligrosas. De hecho, a menudo ocurre que las personas que corren riesgos innecesariamente son los trabajadores más valiosos y productivos de la organización.
La pregunta es, entonces, ¿Por qué los trabajadores tienen conductas peligrosas?
Los trabajadores y la organización comparten un interés común en cuanto a evitar daños.
Con este interés compartido en cuanto a evitar daños, es improbable que los trabajadores corran riesgos ya reconocidos y totalmente evaluados. Sin embargo, en muchos casos un trabajador que enfrenta la necesidad de realizar una tarea durante su jornada de trabajo no percibe el riesgo y todas sus implicaciones.
Existen varias razones por las cuales los sujetos en situación laboral tienen en ocasiones una percepción distorsionada de los riesgos asociados a las tareas que realizan.
Comprender estas razones es un precursor importante para emprender las acciones que reduzcan esos comportamientos riesgosos.
Las más comunes entre estas razones, se pueden clasificar de la siguiente manera:
• Retroalimentación falsa.
• Resistencia al cambio.
• Interferencias cognoscitivas.
• Naturalización.
Retroalimentación falsa
Una de las causas de la escasa percepción de un riesgo es que los accidentes laborales ocurren con tan poca frecuencia que la mayoría de las personas nunca han experimentado uno. Esto establece la expectativa de que cada día de trabajo pasará sin ningún accidente, y da por resultado que las personas desarrollen la convicción de que lo que están haciendo no les causará ningún daño.
Esta sensación no sólo se experimenta en la situación laboral. Cuando una persona acelera más allá de los límites de velocidad permitidos, lo hace con la expectativa de que completará su viaje sin novedad.
Si midiera de manera objetiva y racional el incremento del riesgo asociado a esa actitud, su conducta sería diferente. Pero el hecho de que la mayoría de las personas conduce durante muchos años sin sufrir accidentes, disminuye la expectativa al respecto.
Resistencia al cambio
Otra causa que contribuye a la escasa percepción de los riesgos es la resistencia a cambiar el status quo en el ámbito laboral.
Este fenómeno se presenta aún cuando esta resistencia implique asumir riesgos.
Cuando se implementaron los cinturones de seguridad en los automóviles, era común escuchar a personas que manifestaban que el dispositivo los mantenía demasiado apretados, que era peligroso en caso de un incendio, etc. En buena medida esto ha sido superado, y muchos conductores se sienten incómodos si no llevan colocado su cinturón de seguridad al subir o manejar un automóvil. Lógicamente esto ha sido el producto de años de educación, promoción y refuerzos.
Un ejemplo bien conocido de este asunto es el uso de equipo de protección por parte de trabajadores de la construcción que desempeñan tareas en altura. A pesar de que las caídas son la causa principal de accidentes con serios daños y muertes en la construcción, existe una fuerte resistencia al uso de equipo de protección para caídas. Esta resistencia es expresada frecuentemente en términos de la preocupación de que los dispositivos mismos sean peligrosos (por ejemplo, que se enreden y causen accidentes), cuando en realidad la causa real de esta resistencia es la resistencia a cambiar la manera en que siempre se ha hecho el trabajo.
Interferencias cognoscitivas
Una tercera causa que contribuye a una falsa percepción de los riesgos es la interferencia cognoscitiva. Esto ocurre cuando los “atajos” que utiliza nuestro cerebro influyen en la manera en que reconocemos los riesgos.
El cerebro puede procesar grandes cantidades de información de forma rápida y de maneras muy sofisticadas. Uno de estos mecanismos que nos ayuda a hacer esto es la capacidad que tiene para “compensar deficiencias” y reconocer patrones.
Por ejemplo, cuando leemos no nos concentramos en cada una de las letras de cada palabra, sino que captamos el significado. Podemos hacer esto porque el contexto y las pistas iniciales nos ayudan a dar un salto hacia lo que queremos ver.
Esa capacidad tan útil, puede llegar a ser un impedimento para el reconocimiento de los riesgos. Cuando nos encontramos en situaciones que son comunes, tenemos la tendencia a ver lo que esperamos ver, y si la situación ha cambiado de alguna manera que introduzca un riesgo podemos no darnos cuenta del cambio.
Acostumbramiento
La última causa de una escasa percepción de los riesgos tenemos el acostumbramiento.
El acostumbramiento emerge del ciclo de aprendizaje. Al realizar un trabajo hay dos factores que influencian nuestra seguridad: la experiencia (que nos da el conocimiento de cómo estar seguros bajo las diversas circunstancias que podemos encontrar) y la conciencia (que nos hace reconocer rápidamente las circunstancias ante las cuales podemos tener la necesidad de reaccionar). Cuando un trabajador es nuevo (o es nuevo en un trabajo específico), tiene mucha conciencia pero poca experiencia. Este trabajador es muy sensible al riesgo pero no tiene mucha capacidad para manejar ese riesgo. Al pasar el tiempo la experiencia crece, pero la conciencia disminuye a medida que la actividad se vuelve menos novedosa y más rutinaria. Finalmente, con el transcurso del tiempo, el trabajador tiene mucha experiencia y poca conciencia, y en este caso es menos probable que reconozca el riesgo.
El trabajador se ha insensibilizado ante los riesgos asociados al trabajo que habitualmente desarrolla.
Estos cuatro factores interactúan y se superponen, contribuyendo a lo que a menudo un observador puede apreciar como comportamientos riesgosos, que los trabajadores no parecen evaluar correctamente.
El desafío es superar estos cuatro factores.
Las herramientas de la Seguridad Basada en el Comportamiento pueden ser de gran utilidad para hacerlo.



