Mitos y realidades - Parte 1

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Salud y medio ambiente

¿Se encuentran la industria moderna y la actividad económica causando un declive irreversible en el estado del medio ambiente, causando así problemas cada vez mayores para la salud humana? ¿Son los niños las víctimas inconscientes de nuestra sociedad despilfarradora? ¿Nos encontramos en una “carrera hacia el fondo” que ultimadamente nos llevará al fin de la humanidad?.

El propósito de Ambiente y Salud es ayudar a los lectores a encontrar respuestas a estas interrogantes. Con ese fin, el libro ofrece una reseña de la evidencia científica disponible relacionada al impacto de los pesticidas, dioxina, nitrato, radiación, inhibidores endocrinos (alteradores de géneros), y calentamiento global. En muchos casos, la ciencia es extremadamente compleja, y una respuesta sencilla concerniente a las consecuencias de los mismos no es factible. Sin embargo, en todos los casos resulta claro que la histeria es injustificada y que el nivel de intervención reguladora ya es suficiente o incluso excesivo.

Ácido hídrico: un estudio de caso en la toma de decisiones reguladoras

El tema del ácido hídrico sirve como un valioso punto de partida debido a que durante muchos años ha probado ser una molestia para aquellos que pretenden un mundo libre de riesgos. El ácido hídrico es un químico incoloro, inodoro e insípido que es utilizado en muchos procesos industriales así como en algunas tareas domésticas. Desafortunadamente, el ácido hídrico es responsable por la muerte de miles de personas cada año, principalmente como resultado de la inhalación accidental. Además, una exposición prolongada al estado sólido del ácido hídrico causa daños severos de tejidos. Los síntomas por la ingestión del ácido hídrico incluyen la transpiración y el orinado excesivos, y probablemente un sentimiento de hinchazón, nauseas, vómitos y desequilibrio corporal de electrolitos. Para aquellos que se han vuelto dependientes, el retiro del ácido hídrico significa la muerte segura.1
Las investigaciones indican un apoyo abrumador en muchos lugares por una prohibición del ácido hídrico.2 No obstante, éste permanece ampliamente disponible. Esto podría deberse en parte a que el ácido hídrico se precipita regularmente de la atmósfera, lo cual hace que una prohibición sea no solo impracticable sino que imposible. Otra razón puede ser que debido a que mucha gente es dependiente de la sustancia, cualquier intento por prohibirla podría causar desobediencia civil generalizada.

Un ejercicio valioso se puede llevar a cabo con el ejemplo del ácido hídrico. A un grupo de personas se les brinda la información detallada anteriormente y luego se les pide que escojan entre tres alternativas: (1) una prohibición inmediata en cualquier uso del ácido hídrico; (2) una imposición inmediata de controles extremadamente estrictos sobre todos los usos de la sustancia; (3) ninguna restricción (adicional) dependiendo de mayor información. Usualmente una proporción mayoritaria de las personas escoge las opciones 1 y 2, pero algunos siempre escogen la 3. ¿Qué nos dice esto? Bueno, primero sugiere que la mayoría de la gente tiene un fuerte impulso por imponer restricciones en el uso de químicos que se creen son dañinos, sin tomar en cuenta cuál es el uso preciso del químico y cuáles podrían ser las consecuencias de tales restricciones. Segundo, sugiere que al menos algunas personas entienden que las decisiones regulatorias deben estar basadas en algo más que información superficial del tipo que usan para propaganda algunos grupos de presión.

Químicos en la agricultura y los alimentos

Aunque no estamos enterados de algún intento por presionar a los gobiernos a que prohíban el agua (al menos en su forma natural), éste es uno de los pocos químicos comúnmente usados que parece haber escapado de los ataques de los activistas ambientalistas.

No se puede decir lo mismo de los químicos utilizados en la agricultura y los alimentos. Muchos de éstos químicos le confieren beneficios significativos a los seres humanos—por ejemplo al reducir el costo de los alimentos o incrementar su duración. Algunos químicos incluso han tenido beneficios ambientales discutidos—por ejemplo, los químicos que aumentan la productividad significan que más alimentos pueden ser cultivados en menos tierra, lo cual reduce la presión sobre los terrenos silvestres. Mientras tanto, los químicos que sirven para la erradicación de hierbas con poco labrado reducen la erosión del suelo cuando la tierra es arada.

A pesar de estos beneficios observables, ha habido un fuerte movimiento a favor de la regulación de químicos utilizados en la agricultura y los alimentos. Hasta cierto punto uno puede entender este ímpetu, ya que algunos de los primeros pesticidas eran altamente tóxicos, al mismo tiempo que muchos de los primeros aditivos alimenticios eran venenosos en las dosis presentes en la comida.3 Sin embargo, en la mayoría de los casos estos químicos fueron eliminados de la cadena alimenticia a principios del siglo XX—principalmente a través de las acciones voluntarias de las compañías que buscaban reducir las posibilidades de lastimar a sus consumidores. Como resultado, las preocupaciones se trasladaron a otros asuntos, como el cáncer. Los temores aumentaron en la década de los cincuenta, cuando las pruebas empezaron a demostrar que, dados en concentraciones suficientes, muchos de los químicos utilizados en la agricultura y los alimentos causaban cáncer en roedores.

No obstante, con el tiempo se hizo claro que una gran proporción de todos los químicos, sintéticos y naturales, son carcinógenos—tal y como lo muestran en su capítulo los profesores Bruce Ames y Lois Swirsky Gold:

La exposición humana a carcinógenos naturales comunes en roedores es insignificante y diminuta cuando se trata de la exposición del público general a carcinógenos sintéticos de roedores.

Los compuestos químicos naturales que son conocidos carcinógenos que se encuentran en una simple taza de café son equivalentes en peso a un año de ingestión de residuos de pesticidas sintéticos que son carcinógenos en roedores. Esto es así, aunque sólo 3 por ciento de los componentes químicos naturales presentes en el café hayan sido adecuadamente evaluados para medir su carcinogenicidad. Esto no quiere decir que el café o los pesticidas naturales sean peligrosos, sino que es necesario revisar los supuestos de las pruebas de cáncer con altas dosis en animales para evaluar el riesgo de las bajas dosis sobre seres humanos.


Además, no todas las sustancias que son carcinógenas en altas dosis lo son también en pequeñas dosis. El cuerpo es capaz de lidiar con ciertas cantidades de ciertos tipos de carcinógenos, a través de varios procesos.4 De tal forma que restringir el uso de químicos simplemente sobre las bases de que son carcinógenos en roedores no tiene sentido alguno. Ni siquiera es claro por qué deberíamos intentar reducir todos estos químicos a los niveles más bajos que son requeridos en la mayoría de las regulaciones existentes. Como explican Ames y Gold:


Es oneroso reducir mediante esfuerzos de regulación las exposiciones en bajos niveles de los seres humanos a compuestos químicos sintéticos que son carcinógenos para roedores. Además, las regulaciones no pueden hacer nada más que reducir las concentraciones de compuestos químicos que ya son de por sí minúsculas, y que no es posible que tengan incidencia en las tasas de cáncer. Dichos esfuerzos de regulación confunden la tarea de mejorar la salud pública mediante el incremento de conocimiento científico acerca de cómo prevenir el cáncer (por ejemplo, cuáles aspectos de la dieta son importantes), mediante el incremento del conocimiento del público de cómo el estilo de vida influye en la salud, y mediante la mejora de nuestra habilidad para ayudar a los individuos a alterar sus estilos de vida.

Nuestra obsesión con el potencial efecto carcinógeno de los químicos sintéticos utilizados en la agricultura y la producción alimenticia nos ha distraído de preocupaciones mucho más importantes—preocupaciones sobre qué tipo de alimentos deberíamos consumir si queremos obtener los micronutrientes que ayudan a mantener saludables nuestras defensas corporales, de tal forma que podamos enfrentar la gran cantidad de ataques que nuestro cuerpo enfrenta todo los días, principalmente debido a sustancias y procesos naturales.


La evidencia sugiere que comer frutas frescas y vegetales ayuda al cuerpo humano a defenderse del cáncer. Por el contrario, evitar agroquímicos sintéticos presentes como residuos en la comida no ayuda. De tal forma que la gente que come pocas frutas frescas y vegetales debido a que compran variedades más caras “libres de químicos” están de hecho haciéndose un daño.


Las consecuencias más amplias del ataque anti-científico contra el uso de químicos sintéticos en los alimentos y la agricultura son aún más aterradoras. ¿Qué sucedería si los agricultores en los países latinoamericanos fueran disuadidos o, peor aún, obligados a abandonar estas tecnologías con el fin de garantizarse que lo que producen será aceptable para los consumidores sobreprotegidos de los países ricos? La producción caería y experimentarían mayor incertidumbre (una de las grandes ventajas de los químicos sintéticos es que permiten niveles de producción mucho más estables), lo cual significaría menos comida en sus propios platos así como menores ingresos. ¿De verdad queremos que la obsesión de algunos en los países ricos con el concepto absurdo de alimentos “libre de químicos” termine retrasando el desarrollo en países de bajo ingreso como los latinoamericanos? ¿Cómo calza eso en la conciencia de los que hacen campaña contra los pesticidas y otros agroquímicos?.

¿Alteradores de géneros?

La evidencia acumulada por Ames y otros ha hecho cada vez menos convincente la campaña quimofóbica contra los aditivos químicos supuestamente carcinógenos. En respuesta, los activistas han variado el debate a un nuevo—e igualmente dudoso—territorio. En particular, los activistas afirman que ciertos químicos están interviniendo con los sistemas hormonales de peces, mamíferos y otros animales, y que como resultado, están cambiando la proporción de géneros, reduciendo la fertilidad humana, y causando cáncer.


Si estos activistas estuvieran haciendo campaña contra la píldora anti-conceptiva, habrían estado en lo correcto. Porque, por supuesto, la píldora de control de la fertilidad tiene como misión interferir con el sistema hormonal. Pero incluso la pastilla y varios estrógenos no parecen infligir algún daño a los humanos.


No obstante, los activistas ciertamente no están hablando sobre la pastilla anti-conceptiva. Quizás esto se deba a que reconocen que la píldora es percibida favorablemente por una amplia mayoría del público. Tal vez también se debe a que la pastilla no es usada principalmente en la industria y agricultura. Cualquiera que sea la razón, los activistas han escogido un objetivo muy diferente: la misma vieja lista de químicos industriales y agrícolas: PCB, DDE (una variante del DDT), y otros ‘contaminantes orgánicos persistentes’ (POPs), TCDD (una dioxina), entre otros.


Stephen Safe, un profesor de Fisiología Veterinaria y Farmacología en la Universidad de Texas A&M, y director del Centro de Ambiente y Salud Rural analiza los argumentos científicos para la hipótesis de la ‘inhibición endocrina’ y encuentra que:


No existen cambios globales aparentes en el conteo de esperma y la fertilidad, porcentajes de hipospadias y de criptorquidias, así como proporciones de género al momento del nacimiento. El cáncer de testículos está aumentando en la mayoría de los países, pero esto no se correlaciona con otros indicadores de la capacidad reproductiva masculina. Más aún, el cáncer de testículos está aumentando mientras que el DDE y otros POPs están disminuyendo, cosa que sugiere que la exposición a estos compuestos no está relacionada al cáncer de testículos.


Siempre y cuando Safe acepta que algunos químicos ‘activos endocrinos’ (como los estrógenos naturales y quizás la píldora anti-conceptiva) tienen efectos negativos en ciertas circunstancias sobre los peces y la vida silvestre, el mismo efecto no ha sido observado en los humanos. Además, Safe señala que si estamos preocupados acerca de la exposición humana a los inhibidores endocrinos, entonces deberíamos estar aún más preocupados acerca de las substancias naturales que tienen esta cualidad que por sus similares sintéticos.


El sinsentido de los nitratos

El Dr. Jean-Louis L’hirondel, un doctor practicante en Caen, Francia, explora los alegatos acerca de los nitratos que han sido utilizados para justificar un sinnúmero de regulaciones. Los nitratos fueron previamente usados como medicinas, y fueron reemplazados con aspirinas y cortisonas a principios del siglo XX. Aproximadamente 30 años atrás, una serie de alegatos fueron hechos sobre cómo los nitratos eran responsables por el ‘síndrome del niño azul’, además de exacerbar el riesgo de cáncer en los adultos.

El análisis de L’hirondel indica que ambos señalamientos “carecen de bases científicas” basados en estudios llevados a cabo hace treinta años:

La causa de la metahemoglobinemia en niños, por ende, no son los nitratos alimentarios, sino los nitritos formados en los biberones, luego de la reducción de los nitratos en nitritos como resultado de una desafortunada pululación de microbios en el recipiente. Esto último es lo que debería prevenirse a todo costo. La metahemoglobinemia infantil provocada por la comida ha sido prácticamente erradicada en los países desarrollados, donde la gente está familiarizada con las reglas básicas de higiene para la preparación de los biberones de leche.

Y como lo ha señalado el Comité Científico de Alimentos de la Comisión Europea en su “Opinión sobre Nitrato y Nitrito” de 1995:

Los estudios epidemiológicos no han logrado hasta el momento brindar evidencia de una asociación causal entra la exposición a nitratos y el riesgo al cáncer humano.

La radiación y el mito del cáncer sin límite

En el caso de la radiación, la “Línea sin Umbral” ha sido una “suposición sagrada”, según la cual incluso las más ínfimas dosis de radiación podría causar cáncer y daños genéticos en los seres humanos. Al igual que con otras causas de cáncer, la línea sin umbral simplemente no se sostiene como una regla general.

Si bien han sido claramente establecidos los efectos perjudiciales de las altas dosis de radiación ionizadora, no es el mismo caso con las dosis bajas. El Dr. Zbigniew Jaworowski del Laboratorio Central de Protección Radiológica en Varsovia, Polonia, indica que:

En algunas áreas del mundo, las dosis de radiación natural al hombre y otras biota son varios cientos de veces mayores que los niveles de dosis actualmente aceptados para la población en general. No se halló ningún efecto adverso en los seres humanos, animales y plantas de estas zonas.

De hecho, Jaworowski sostiene que existen beneficios considerables asociados con ciertos usos de la radiación de baja dosis, incluyendo usos médicos, e incluso podría haber un efecto ‘hormético’. Lo que resulta claro es que los actuales límites regulados de exposición son innecesariamente bajos:

Durante las últimas décadas ha habido una tendencia a disminuir – a valores cada vez menores – la dosis de exposición en los estándares de protección de la radiación… Resulta difícil concebir una justificación para niveles tan bajos, ya que nadie ha estado identificablemente perjudicado por la radiación cuando se aplicaban los estándares establecidos… en las décadas de 1920 y 1930, con niveles de dosis cientos y miles de veces mayores.

Dioxinas

El Dr. Hans E. Müller, químico y físico, y ex director del Laboratorio de Salud Pública en Braunschweig, Alemania, muestra cómo un accidente en Seveso, Italia, en 1976 fue visto por el mundo como una tragedia de proporciones apocalípticas, la confirmación de las peores pesadillas de los activistas ambientalistas, y la justificación para un exagerado número de regulaciones sobre la dioxina.

El accidente en Seveso lamentablemente causó muchas muertes—de animales. Ni una sola persona murió. De hecho, el mayor impacto sobre humanos fue la reubicación de miles de personas que vivían cerca de la fábrica, un gran número de casos de cloroacné—una condición de la piel bastante irritante—y una pequeña cantidad de efectos tóxicos más serios, pero no mortales.

Müller muestra que la dioxina “ha sido frecuentemente el sujeto de historias de terror por parte de los activistas, quienes afirman que induce al cáncer”, e igualmente “los productores de dioxina han buscado contrarrestar tales temores”, de tal forma que se ha generado cierta controversia sobre el ‘verdadero’ impacto de la dioxina.

Las dioxinas—una clase de compuesto químico que incluye al temido TCDD—son producidas durante el proceso natural de combustión y como resultado de ciertos procesos industriales. Si bien la exposición a ciertas dioxinas en concentraciones muy altas podría tener consecuencias negativas sobre la salud, “tales concentraciones rara vez son alcanzadas incluso en humanos expuestos y altamente contaminados”. Ya que los humanos consumen la mayor parte de sus dioxinas de los alimentos que ingieren y debido a que las concentraciones en los alimentos están a niveles que son casi indetectables, además de inofensivos, es muy poco probable de hecho que una dioxina nos esté causando algún daño.

Calentamiento global y la salud humana

Uno de los temas favoritos del movimiento ambientalista mundial es el miedo de que los humanos estemos teniendo un impacto generalizado sobre el ambiente que eventualmente regresará a perseguirnos en algún momento futuro no especificado. Con el fin de concretar un poco más estos conceptos tan ambiguos, algunos activistas han inventado ciertas historias sobre cómo la humanidad va verse golpeada por varias plagas.


Un buen ejemplo es la supuesta amenaza de un incremento en la incidencia de la malaria como resultado del calentamiento global. El profesor Paul Reiter, un experto británico en enfermedades infecciosas, y veterano de 22 años en el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, analiza esta amenaza, la cual descansa en gran medida en la suposición errónea que la malaria es una enfermedad tropical.


Reiter discute la compleja historia y ciencia de la malaria, la cual fue en su momento una enfermedad endémica en Europa pero que fue ampliamente erradicada durante una época de temperaturas en aumento. No obstante, Reiter indica que Holanda—difícilmente un país tropical—no se libró de la malaria hasta 1970.


La historia de la malaria en Europa es extensamente conocida y fácilmente accesible en cualquier buena biblioteca. Sin embargo, son comunes las predicciones mal informadas sobre la propagación de ésta y de otras enfermedades transmitidas por vectores a las áreas templadas - incluso en la literatura científica - y son extensamente citadas en la discusión pública de la política nacional e internacional sobre calentamiento global.

Al igual que sus colegas, Reiter se muestra preocupado en que, al enfocarse en el calentamiento global, el planeta no está priorizando políticas que se necesitan urgentemente para erradicar la malaria y otras enfermedades transmitidas por vectores.

[Ningún científico] niega que la temperatura es un factor en la transmisión de enfermedades transmitidas por mosquitos, y que la transmisión puede verse afectada si el clima del mundo continúa calentándose. Pero es inmoral que los activistas políticos engañen al público atribuyendo el resurgimiento reciente de estas enfermedades al cambio del clima, particularmente en África. Las verdaderas razones son lejanamente más complejas, y los principales determinantes son la política, la economía, y las actividades humanas. Se necesita de forma urgente un uso creativo y organizado de los recursos para corregir la situación, sin importar el clima futuro.

Otro problema de salud humana al cual los ambientalistas están ansiosos de responsabilizar al calentamiento global son las muertes relacionadas a cambios en la temperatura. En el verano del 2003, una ola de calor asoló Europa y fue la principal responsable de miles de muertes. Bill Keatinge, profesor emérito de la Escuela de Enfermería y Dentistería de la Escuela Queen Mary de la Universidad de Londres, sugiere que el número real de muertes provocadas por el calor fue mucho menor. Él muestra que aunque la tasa de mortalidad aumenta durante los primeros dos días de una ola de calor, esto es acompañado por tasas de mortalidad más bajas de lo normal. La razón radica probablemente en que muchos de los que mueren ya se encuentran muy enfermos, y habrían muerto de todas formas en las siguientes dos o tres semanas.

De hecho, la realidad es contundente en que las temperaturas frías continúan siendo la principal contribuyente a la mortalidad humana. Keatinge muestra que:

Los estudios sobre los cambios reales de la mortalidad vinculada al calor desde el advenimiento del calentamiento global demuestran que como las temperaturas han subido, el alza en las enfermedades relacionadas con el calor producidas por un nivel particular de temperaturas elevadas ha disminuido. Las temperaturas estivales subieron por los menos 1ºC tanto en Londres como en la región subtropical de Carolina del Norte desde 1971. Sin embargo, la mortalidad relacionada con el calor no se ha incrementado en Londres, y casi ha desaparecido en Carolina del Norte, a pesar de que la humedad también aumentó ahí y el viento se redujo.

Los ajustes psicológicos pueden ser de mucha ayuda en evitar dichas muertes, en cualquier caso, y deberían ser fomentados, dice Keatinge:

La gente de países que tienen veranos más calurosos parece protegerse del calor más efectivamente. La siesta en Europa meridional es un claro ejemplo. En Carolina del Norte, el aumento de la cantidad de acondicionadores de aire en la región parece ser la causa de la virtual desaparición de la mortalidad relacionada con el calor.

FUENTE: HazMat Training

Oscar Rolando 21-12-2007, 08:35:37
Realmente sabemos lo que comemos o usamos diariamente? Cuanto que desconocemos. Gracias por informarnos y dar a conocer este material a la comunidad del portal.
Romina Garcia 17-12-2007, 17:15:18
Excelente.
Carolina Firestein 15-12-2007, 10:41:38
Gracias por mantenernos actualizados sobre estos temas, me parece excelente la nota y creo que siempres estaremos aprendiendo. Los felicito me gusta mucho el portal y les agradezco la informacion
Cristina Billart 15-12-2007, 10:37:20
Creo que muchas veces no sabemos ni lo que comemos a esta altura. El Ing.Lagoria ha hecho varias notas con temas sobre inocuidad y mantencion de alimentos, recomiendo leerlas tambien porque son excelentes. Gracias por el aporte de conocimiento para todos.
Jorge Castro 15-12-2007, 10:28:17
La verdad que me gusto mucho este sitio, es mi primera vez y esta nota me parece excelente.

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