Beber en exceso
aumenta 500 veces la probabilidad de sufrir accidentes o lesiones violentas.
Así lo demuestra un estudio de la Facultad de Psicología que indica que los varones que toman alcohol en abundancia y en poco tiempo son los más vulnerables. Además, marca una alta prevalencia de trastornos causados por el consumo y una escasa confiabilidad de los instrumentos más usados en el país para detectar su abuso.
Resultados alarmantes sobre los efectos de la ingesta excesiva de alcohol son los que encontró la psicóloga Mariana Cremonte tras investigar los riesgos a los que se exponen quienes padecen alcoholismo, caracterizar los hábitos de consumo más frecuentes y determinar el porcentaje de personas que sufre algún tipo de trastorno por tomar.
Tras analizar dos muestras poblacionales diferentes (una, de aproximadamente 500 individuos y otra, de alrededor de mil), ambas conformadas por pacientes que ingresaron al servicio de emergencia de un hospital público, la especialista halló que el peligro de que un sujeto sufra un accidente o sea víctima de una lesión violenta aumenta 500 veces si se excede con el uso de alcohol en un lapso reducido. “El riesgo que provoca consumir en una sola ocasión, lo que se llama ingesta aguda, es mayor en los varones y las personas que presentan problemas con la bebida, no así entre las mujeres”, agrega.
El estudio, producto de la tesis de doctorado en Psicología de la UNC de Cremonte, también arrojó una alta prevalencia de trastornos asociados a la ingesta de alcohol. Del total de individuos que ingresaron a la guardia del nosocomio, a los que se les realizó un cuestionario y se midió su nivel de alcohol en sangre, se comprobó que el 85 por ciento tomaba bebidas alcohólicas, mientras que el 15 por ciento era abstemio. “De esa población de ‘bebedores’, el 18 por ciento presenta patologías relacionadas con el consumo, como el abuso y la dependencia, ambos problemas de características diferentes”, señala la doctora y asegura que el valor es “muy alto”, y significativamente superior al hallado en otros hospitales del mundo. A estas cifras se suma un 8 por ciento conformado por pacientes que, si bien no evidencian perturbaciones concretas, se encuentran en un nivel de riesgo.
Cómo beben los argentinos
A la hora de describir de qué manera toman las personas que acudían a la guardia de una institución médica (es decir, los hábitos de consumo, compuestos por el tipo y la cantidad de bebida, además de la frecuencia con que se consume), la especialista observó que, entre las de mayor edad (más de 40 años), predomina el “patrón mediterráneo o húmedo”. Lo explican así: “Es una ingesta de alta frecuencia y bajas cantidades, lo que solemos llamar ‘el vasito de vino con las comidas’, que no acarrea demasiados problemas”.
Contrariamente, la población joven se inclina por el patrón seco o “tipo fiesta”, que consiste en el consumo de cantidades excesivas con escasa periodicidad (una o dos veces a la semana). De acuerdo a la investigación, este hábito se relaciona con bebidas como la cerveza, mientras que el grupo de adultos prefiere el vino.
Los resultados de la psicóloga coinciden con otros estudios que indican que en Argentina están cambiando las formas de consumo de alcohol. “Del patrón mediterráneo –comenta–, estamos evidenciando la tendencia hacia el seco, que es el más perjudicial”.
la población femenina, tendencia que se repite en otros lugares del mundo.
Con todo, los hallazgos del estudio son de gran utilidad para perfeccionar los programas de determinación de casos de alcoholismo con los que vienen trabajando los hospitales.
FUENTE: Ps. Mariana Cremonte - Universidad Nacional de Córdoba
