Alternativas a la energía nuclear

Energía eólica, una alternativa real?

Si bien la energía nuclear es postulada como alternativa para detener el calentamiento global, crea problemas y riesgos que son motivo de fuertes críticas por parte de organizaciones ambientalistas. ¿Cuáles son las fuentes alternativas? ¿Por qué la energía eólica es la de mayor crecimiento en el mundo? ¿Es aplicable lo eólico a la producción masiva de electricidad?

La alta contaminación y el recalentamiento del planeta obligan a plantear fuentes para la producción de energía eléctrica alternativas a las tradicionales. Todos los rincones de la comunidad científica acuerdan que detener el calentamiento global es uno de los mayores desafíos de la humanidad, alertando sobre sus graves consecuencias. Sin embargo, queda en claro que el consumo energético en el mundo seguirá en aumento. Por lo tanto, el problema no es sólo que deben desarrollarse fuentes de energías limpias, sino que además hay que sostener este crecimiento masivo en el consumo.
¿Cuáles son las fuentes consideradas limpias y renovables? Las principales son la eólica y la solar. La primera es la fuente de energía renovable que más creció en los últimos años y funciona con aerogeneradores (molinos) instalados en parques eólicos que aprovechan la fuerza del viento para convertirla en energía eléctrica, mientras que la segunda aprovecha la radiación solar para generar la electricidad. Otras alternativas son: la biomasa (el conjunto de materia orgánica renovable de origen vegetal, animal o producto de su transformación); la energía geotérmica, que aprovecha el vapor de las altísimas temperaturas del agua subterránea; y la energía mareomotriz, que utiliza las diferencias de altura entre pleamar y bajamar permitiendo que las turbinas de las represas funcionen con corrientes de agua de ambos lados.

Organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica Argentina (CNEA) y la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), entre muchos otros similares, postulan a la energía nucleoeléctrica como el sistema más efectivo para reducir el efecto invernadero, agregando que permite también sostener el crecimiento en la demanda de consumo. Ya en la primera parte de este informe se expuso la postura del titular de la CNEA, José Abriata, respecto de la producción de energía masiva a través de las fuentes renovables. En síntesis, Abriata descartó, para uso masivo, cualquiera de los métodos considerados limpios, y cargó contra su impacto ambiental. “Si hablamos de energía masiva, lo éolico está descartado, salvo que llenemos todo el mundo con molinos. Pero los molinos eólicos, además de ser ineficientes, tienen un impacto ecológico muy grande al generar ultrasonido, que afecta a los animales y también daña al hombre, sin que lo perciba. Lo nuclear permite la generación masiva, que es lo que necesita la humanidad”, enfatizó el funcionario a Hoy la Universidad.
En este sentido, Abriata defendió la decisión del Gobierno nacional de finalizar la construcción de la tercera central nuclear del país, Atucha II. “La central está totalmente armada y lista para ser continuada. Y además, terminarla implica revitalizar todo el sector nuclear: generación de energía, y mantener el conocimiento de la tecnología de núcleos atómicos para el futuro. Renunciar a esto es un pecado para nuestro país. Atucha II va a permitir que la generación de energía en el país desde lo nuclear pase del 8 por ciento actual a un 12 ó 15”, argumentó.

Las posibilidades de lo eólico
Sin duda, entre las energías alternativas, la que podría ser considerada como la reina de todas ellas es la eólica, es decir, la que se obtiene del viento, a través de molinos (llamados aerogeneradores). Como se dijo, es la que registró un mayor desarrollo en los últimos años y la que impulsa fuertemente la organización ambientalista Greenpeace, entre otras entidades. Un estudio realizado por Greenpeace y la Asociación Eólica Europea (EWEA) pronostica que si los gobiernos le aseguran el necesario apoyo político, puede generar para el año 2020 el 12 por ciento de toda la electricidad mundial y el 20 por ciento en Europa. Sus ventajas son bastante atractivas: no produce ningún residuo ni emite gases a la atmósfera, además que utiliza un recurso inagotable y gratuito, como es el viento. En cuanto a su impacto en la naturaleza, las críticas más comunes son que el movimiento de las aspas de los molinos producen contaminación sonora, que se necesitan grandes superficies para los parques que albergan los molinos y que provoca la muerte de aves que chocan contra ellos.
Lo cierto es que, por distintas causas, la energía eólica aporta actualmente un porcentaje bajísimo del consumo eléctrico mundial. ¿Es posible pensar en la energía eólica para uso masivo, como aseguran quienes la impulsan? Todo parece indicar que sí.

Tecnología madura
“Alemania ya tiene instalados más de 14 mil megavatios. Nosotros tenemos más territorio, más viento y menos población, y es una locura que no tengamos en cuenta la alternativa eólica”, dice Juan Carlos Villalonga, director de Campañas de Greenpeace Argentina. Villalonga es categórico al afirmar que la energía eólica en Argentina tiene un potencial de generación eléctrica mucho mayor al de su consumo actual. El ambientalista subraya que el gran desarrollo que registra lo eólico “habla de una industria de crecimiento explosivo y de la confiabilidad de su tecnología, que no tiene ningún tipo de imprevistos ni elementos azarosos”. “Al diseñar un proyecto eólico se puede saber perfectamente la energía que va a producir y a qué costo, sin que depare sorpresas. Por eso, no sólo es una tecnología madura, sino competitiva”, resume el directivo de Greenpeace.

Hay que recordar que en marzo de este año, la entidad ecologista presentó un plan progresivo para alcanzar la generación de 3 mil megavatios en el 2013, y en un reciente informe afirmaron que la misma cantidad de recursos destinados a la construcción de Atucha II permitiría obtener el doble de energía eléctrica a partir de la eólica. Nada de esto se expresa en un documento publicado por la CNEA, donde si bien dejan en claro no tener una actitud negativa hacia las energías alternativas (al menos en las palabras), señalan que estas fuentes “tienen varias desventajas inherentes que afectan su utilidad y eficiencia económica; tanto los rayos solares como el viento son intermitentes, y por consiguiente, hasta tanto no se desarrollen formas efectivas y económicas de almacenamiento, no podrán proveer la electricidad masiva que necesitamos en todo momento”.

“No se cree probable que –amplía el informe de la CNEA-, para el próximo siglo, las nuevas fuentes de energía renovable puedan tener una contribución mayor al suministro de energía mundial que en el presente la nuclear e hidroeléctrica. Es aún menos creíble sugerir, como lo han hecho organizaciones ecologistas, que puedan contribuir para el fin del próximo siglo con un 80% a la producción energética mundial, cifra similar a la que actualmente aportan los combustibles fósiles”. En resumen, la postura del organismo que regula la política nuclear en Argentina es que la energía eólica no tiene mayor aplicación más allá del uso doméstico o el consumo en pequeña escala, y que para resolver el problema del cambio climático, ni a corto ni mediano plazo existen otras fuentes económicamente competitivas que no sean la nuclear o hidroeléctrica.