Alerta sobre las Dioxinas
Lo que sabe la ciencia sobre las sustancias que han provocado la última alarma alimentaria en Europa.
Desde que el 28 de mayo del 2006 el Gobierno belga aconsejó que se retiraran de la venta todos los huevos y pollos del país porque podían contener dioxinas en altas dosis, y después de saberse que algunos productos contaminados de origen belga se han vendido en otros países, el problema de la seguridad de los alimentos ha inquietado a millones de consumidores.
¿Estamos ante un caso como el de las vacas locas? ¿Qué peligro tienen las dioxinas para que se prohiba la venta de huevos y pollos en todo un país?
¿Qué son las dioxinas?
Las dioxinas son un grupo de 210 sustancias químicas que tienen distintos grados de toxicidad. Son residuos de actividades industriales y de la combustión de motores. La combustión incompleta de compuestos orgánicos más átomos de cloro, las originan. La incineración de residuos y el procesamiento de metales son las principales fuentes. Se liberan a la atmósfera donde son dispersadas por el viento y luego arrastradas por la lluvia que las deposita en suelos y mares. Estas son ingeridas y depositadas en el tejido graso de los animales. Todos los ciudadanos de los países industrializados están expuestos a dosis bajas pero constantes de dioxinas, y distintos estudios han demostrado que tienen un riesgo, pequeño pero no nulo, para la salud.
¿Dónde están?
Las dioxinas son emitidas hacia la atmósfera como sustancias contaminantes y se incorporan después a la cadena alimentaria. Leche, huevo y carne contienen dosis apreciables. Los científicos estiman que más del 90% de las dioxinas que se acumulan en el cuerpo humano provienen de los alimentos y menos del 10% del aire que se registra. Según un estudio de la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Reus publicado este año, el marisco y el pescado son los grupos de alimentos con más dioxinas. Una vez ingeridas se acumulan en los tejidos grasos del cuerpo humano, donde permanecen durante años: de cada diez picogramos de dioxinas que se acumulan hoy en una persona, en el año 2006 todavía quedarán cinco y en el 2013 quedarán dos y medio (siete años para reducir su concentración a la mitad).
Los animales que se encuentran en lo alto de la pirámide alimentaria, como los humanos, son los que más dioxinas ingieren.
¿Qué peligro tienen para las personas?
Los efectos de las dioxinas en el organismo son a largo plazo. No hay consenso entre los científicos sobre en que grado las dioxinas son cancerígenas. La Organización Mundial de la Salud ha incluido una dioxina en su lista oficial de sustancias cancerígenas a raíz de un estudio de 25.000 trabajadores expuestos a dosis elevadas en los que se observó un aumento -pequeño pero significativo- de varios tipos de cáncer.
Pero si el riesgo de la exposición crónica a dosis altas está demostrado, el de la exposición aguda -como la que afectaría a una persona que hubiera ingerido varios pollos contaminados- no parece ser tan grande.
El precedente más famoso es la emisión accidental de cantidades masivas de dioxinas en Seveso (Italia) en 1976.Veintitrés años después, "aún no se ha demostrado un incremento significativo de los casos de cáncer en la población de aquella zona", señala Josep Lluís Domingo, director del Laboratori de Toxicología i Salut Mediambiental de la URV.
Más alarmante son los resultados de experimentos en roedores: a dosis altas, las dioxinas le causan trastornos hormonales, inmunitarios y reproductivos, además de perjudicar el desarrollo de los embriones.
¿Se controlan los alimentos?
El análisis preciso del contenido de dioxinas de los alimentos requiere combinar dos técnicas costosas: la cromatografía de gases y la espectrometría de masas de alta resolución. Precio total: entre 1250- y 1500- dólares por muestra de alimento. Por este motivo, no se realizan controles sistemáticos y periódicos del contenido de dioxinas de los alimentos.
¿Cómo protegerse de las dioxinas?
Puesto que las dioxinas se acumulan en las grasas animales, reducir el consumo de este tipo de grasas es el mejor modo de prevenir la exposición a las dioxinas. Además, se conseguirá reducir el consumo de otras sustancias nocivas que se acumulan en las grasas, como los PCB y los insecticidas organoclorados. Y de paso se reducirá el riesgo de infarto, que probablemente acabará siendo el mayor beneficio de moderar el consumo de grasas animales.
¿Están preocupados los expertos?
Retirar del mercado los huevos y pollos potencialmente contaminados por dioxinas es lo correcto -señala Manolis Kogevinas, del Institut municipal d'investigació Médica de Barcelona-. Pero no hay motivo para que cunda el pánico. Aunque los niveles de dioxinas detectados en los pollos son altos, esto no significa que quienes los hayan consumido vayan a tener cáncer. El aumento de riesgo para cada persona es muy pequeño. De la misma opinión es Josep Lluís Domingo, de la URV: El riesgo Cancerígeno de las dioxinas que pueda haber en estos alimentos no es, ni de lejos, tan alto como el riesgo del tabaco para un fumador. El escándalo de las vacas locas, el de los antibióticos y las hormonas del ganado y el de los pollos belgas tienen en común el descontrol de la alimentación que reciben los animales de granja. Esto es lo más grave -señala Kogevinas-. Los consumidores están indefensos frente a ese descontrol. Y lo que ingiere el ganado después los ingerimos las personas.
FUENTE: Josep Corbella, Barcelona - La Vanguardia.

